
Corropoli, Abruzzo · Italia
Una familia, una tierra, una tradición
Somos Cinzia y Francesco, un matrimonio italo-venezolano de corazón. Esta es la historia de cómo un campo en Abruzzo, una pandemia inesperada y el amor por la tierra nos llevaron a cultivar uno de los ingredientes más preciados del mundo.

Las raíces
Italia y Venezuela, siempre juntas
Nuestras familias son de origen italiano: nuestros padres emigraron a Venezuela y luego regresaron a Italia. Nosotros, en cambio, elegimos volver y quedarnos en Venezuela. La llamamos hogar desde hace décadas, sin perder nunca nuestras raíces italianas.
Cada octubre esa doble identidad se hace visible: toda la familia se reúne en Corropoli para cosechar las aceitunas y convertirlas en aceite de oliva. Una tradición que Francesco heredó de sus padres, junto con la casa familiar.

La casa familiar
Corropoli, un lugar en el alma
En Corropoli, un pequeño pueblo de la provincia de Teramo, en Abruzzo, está nuestra casa de campo. Con los años, Francesco fue ampliando y mejorando la propiedad hasta llegar a los 4.000 metros cuadrados de terreno que tiene hoy, donde conviven los olivos y, desde hace unos años, el azafrán.
Diciembre de 2019
La pandemia que lo cambió todo
En diciembre de 2019 viajamos a Italia para pasar las fiestas en familia. No sabíamos que la pandemia nos mantendría allí mucho más tiempo del planeado.
Francesco, lejos de quedarse quieto, aprovechó ese tiempo inesperado para conocer a personas de la zona que cultivaban azafrán. Maravillado por la delicadeza de estos bulbos, su proceso y su rareza, compró sus primeros bulbos y los sembró en el terreno detrás de la casa.
Así nació Crocus Corropoli.
Cada noviembre
Una segunda cosecha familiar
Desde entonces, cada noviembre la familia suma una nueva tradición: la recolección del azafrán. A diferencia de los olivos, los bulbos del azafrán se multiplican solos, año tras año. Lo que empezó como un experimento se convirtió en una cosecha que crece cada temporada.
En noviembre de 2025, tras la última cosecha, tomamos una decisión: era el momento de compartir nuestro azafrán con Venezuela, el país al que seguimos llamando hogar.
Azafrán cultivado en familia, traído desde Italia
Cada gramo de nuestro azafrán lleva el trabajo de una familia, la tierra de Abruzzo y el cariño por dos países que siempre han vivido en nuestro corazón.
